martes, 13 de diciembre de 2016

Profe, no quiero llegar a vieja sin alcanzar el éxito.

Y todos nos lo creemos: Que la juventud es un valor añadido porque siempre va cargada de una promesa… Lo cual quiere decir que no hay nada que prometer más allá de la edad adulta o la madurez?
Ayer tuve 2 momentos claves de esos que la vida te regala, y digo claves porque hay veces que uno se pierde y la vida solita te pone el camino delante. El primero vino durante una charla con una fiel amiga, (que terminó con la frase que cierra este diálogo) y el segundo durante una charla con una alumna que transcurrió del siguiente modo:
.- “Mi mánager dice que si quiero triunfar tiene que ser antes de los 40”
.- Tu mánager dice eso porque la criatura tiene que comer y además a partir de los 40 no va a poder manipularte, corazón. Se triunfa cuando se es un ser humano completo, sino, habrás fracasado como ser humano con una corta y fulgurante carrera haciendo lo que los demás te dicen que debes hacer; montada en un carro que va a toda hostia, manejado por otras manos. Ojo! Si eso es lo que quieres, cuando descarrile o, simplemente se frene porque las manos que lo llevaban lo soltaron y tú jamás aprendiste a guiarlo, puedes hacer tu aprendizaje pensando: "Wow! Vaya paseíto!"; Levantarte, sacudirte el polvo y los rastrojos del camino y bien volver a construir tu propio carro, bien quedarte idiotizada contemplando la caída, pero lo de tener que seguir el camino no te lo quita ni Dios... tengas la edad que tengas.
.- Pero es que yo no quiero llegar a vieja sin haber alcanzado el éxito.
.- Entiendo. Eso sólo puede creerlo alguien que ve una carrera artística como un medio para llegar a una meta y una vez alcanzada ésta, se apoltrona a vivir de las rentas hasta ser una patética imagen de aquello que fue. y eso, créeme no importa si sucede a los 30, 40 ó a los 60. “El artista debe reinventarse, independientemente de la edad que tenga, para mantener incandescente una promesa que ofrecer al público.”

La frase entrecomillada fue pronunciada un ratito antes por mi inteligente amiga, con la que debatíamos la cuestión del tiempo y sus efectos.

Y una vez más veo que el problema es una sociedad mediatizada y adiestrada para aceptar la bajeza como expresión de su propio caldo o los sueños imposibles para eximirse del esfuerzo de alcanzar los sueños propios o la corrupción como único medio de llegar a ellos.
Esto y sólo esto es lo que sienta cátedra sobre el triunfo a los 20 y los concursos de la tele que muestran el “más difícil todavía” de un artista, como si emocionar no consistiera en cantar como los ángeles con una hermosa voz cargada de expresividad y belleza, no, además tienes que hacerlo con el palo de la fregona inserto en el ano mientras repasas el comedor de tu casa a la par que te despliegas doscientas abdominales, y esto, por supuesto, antes de haber cumplido los 25… Porque en este mundo donde la mediocridad es la base del pensamiento se olvida sistemáticamente  que la vida es un proceso y el ser humano otro proceso dentro de ésta. Nada está hecho si no se continúa ese proceso. El mejor violinista del mundo a los 19 no es nada si no se reinventa a los 40, y no por ser un niño prodigio eres un adulto triunfador. De hecho, las estadísticas demuestran justo lo contrario. Esas almas perdidas en su propio ego que alcanzaron la gloria en su juventud quedando prendidos de aquel sueño, convertidos en adultos patéticos encadenados al “ser” que una vez “fué".

Cumplidos los 40, tengo 4 discos en el mundo, 3 hijos y llevo 20 años disfrutando de una profesión que amo, por encima de lo que pueda obtener de ella. He cantado en orquestas de pueblo y hecho giras mundiales con artistas de primer nivel, también he tocado jazz en cocktails donde se mascaban canapés a dos carrillos, y en ellos he conocido a grandes jazzistas que, como yo, se ganaban la vida haciendo lo que saben: música. He pisado teatros de villorrio y he estado en el Carnegie Hall, en uno de los conciertos, por cierto, más bochornosos de mi vida, todo ello, sin separarme de mi familia, por decreto personal, más de 4 días seguidos, lo cual, desde luego ralentiza una carrera que según alguien me dijo una vez “Podía haber sido fulgurante porque no se puede tener todo en esta vida y tú has decidido que prefieres ser madre a ser artista”. A lo cual yo respondí:
“Mi vida personal la decido yo, y la profesional a partir de hoy, me temo que también”
Desde entonces, soy mi propio mánager...




Y espero llegar a vieja habiendo alcanzado el éxito (retomando a mi alumna) de tener una vida plena, llena de momentos hermosos, profesionales y personales, para ello me reinvento y me busco una y otra vez, y cuando me pierdo, siempre encuentro un fiel amigo o amiga que me recuerda que la vida es un proceso y que no acaba hasta que no estemos metiditos en un cajón; Y eso, lo digo yo que soy artista y lo decía mi abuela que no era artista, aunque cantaba en la ducha (muy bien, por cierto), pero hacía una gallina en pepitoria que quitaba el sentío. Lo decía y lo dijo aún cuando se estaba yendo a los casi 102 años, sonriente de haber hecho la mejor gallina en pepitoria de todo su pueblo.